Psicosoft - Nos han engañado con el mito de la actitud

Liderazgo y relaciones públicas

Si alguien me preguntara qué tienen en común los directivos más destacados en sus cualidades como líder, contestaría con muy pocas palabras: tienen en común su escasa vocación por las relaciones públicas. No es que sean personas de poca sensibilidad o habilidades sociales, se diferencian de los demás en que la aprobación de otros no es la guía de sus decisiones. No buscan ganar popularidad con su forma de ver las circunstancias o el futuro de la empresa, ni tampoco pretenden en exceso que su forma de actuar sea bien acogida o aplaudida. Simplemente piensan y actúan, por el bien común,  con criterio propio e independiente de la aprobación ajena.

Imaginemos un médico cuyo diagnóstico o tratamiento estuviera sesgado por la aprobación del paciente, o un arquitecto que tuviera en cuenta los gustos de sus clientes en el cálculo de estructuras. ¡O un chef, que dejara pasar a su cocina a sus clientes para recibir sus consejos!

Supongo que esto que digo les sonará a algunos despótico o autoritario. En absoluto. Hablo de asumir la responsabilidad que tengo con mi equipo y no desplazar esa responsabilidad hacia ellos, escondiéndome en medidas populares. No es lo mismo escuchar a tu equipo para tomar tus decisiones que preferir las decisiones que  van a ser mejor recibidas.

La independencia de criterio no es una cualidad muy sofisticada ni de mucha complejidad, quizá por eso no se habla mucho de ella, pero tiene el valor de lo raro, poco frecuente o escaso. ¿Por qué no es frecuente? Simplemente porque a la mayoría de los mortales nos encanta la aprobación de nuestros semejantes. Preferimos naufragar zambulléndonos en la ovación de nuestros equipos que enfrentarnos al reto de un conflicto por una decisión correcta, pero incómoda o dolorosa a corto plazo.

Y la pregunta final ¿este mal tiene vacuna? No es fácil, pero creo que sí. Es importante separar mentalmente dos procesos que tienden a mezclarse:

  1. Toma la mejor decisión, con objetividad, apoyándote en datos contrastados y en tu experiencia, sin caer en voluntarismos ni en un exceso de optimismo.
  2. Vende la decisión a tu equipo: proyecta  una visión clara y sencilla de tus decisiones. Explica, hasta donde puedas, en qué te basas y por qué has llegado a tus conclusiones, acepta los riesgos y obstáculos que pueda haber y, por último, señala los beneficios que se derivan de tus planes.

Decidir  y comunicar son ejercicios mentales muy distintos. Cuidado con mezclarlos.

 

Javier Potti Cuervo
javier.pc@psicosoft.com